Del libro "El pobre de Asís" de Niko Kazantzakis.
PARTE 1
(...) ¿Que quiere decir esto? -me dijo Fransisco una mañana, al iniciar la tarea-. ¿El mundo se ha transformado? ¿ O soy yo el que ha cambiado? ¡Lloro y río a la vez, creo caminar sobre la tierra y floto en el espacio! ¿Y tú, hermano León?
-Yo tengo la impresión de ser un gusano profundamente hundido en la tierra. Toda la tierra pesa sobre mí y me aplasta. Entonces empiezo a cavar un pasadizo para salir a la superficie. Es un trabajo duro éste de atravesar todo el espesor de la tierra, pero soy paciente, porque cuando salga a la luz siento que me transformaré en mariposa.
-¡Es eso! ¡Es eso exactamente! -exclamó Fransisco alegremente-- ¡He comprendido ahora! ¡Que Dios te protega hermano León! Somos dos gusanos de tierra y deseamos convertirnos en mariposas. ¡Adelante, pues, mezcla la cal, transporta las piedras, dame la paleta!
PARTE 2
(...) -También el alma despierta cada mañana -dijo Fransisco volviéndose hacia mí-. Unce sus cinco bueyes se pone a trabajar y a sembrar.
- ¿A sembrar qué?
-¡El reino de los cielos! O el infierno... - respondió Fransisco inclinándose para recoger una margarita amarilla al borde del camino.
PARTE 3
Escucha el Río, cómo canta en la hondonada; corre, lleno de prisa por arrojarse al mar.
Como él, nuestra alma corre, llena de prisa por arrojarse en el Cielo ¿Cuándo llegará hacia él, Dios mío? ¿Cuándo?
¿A dónde vamos? qué necesidad de saberlo? El señor lo ha resuelto ya por nosotros. ¿Conoces esa grandes flores amarillas, llamadas girasoles, porque miran al sol, volviendo sin cesar su rostro dócil en dirección del astro? Hagamos como ellas, miremos a Dios constantemente; El nos mostrará el camino.
Que bueno es no poseer voluntad, olvidarse de uno mismo, de nuestro propio nombre y abandonarse con plena confianza al soplo de dios. Eso es la libertad. Si te preguntan cual es el hombre más libre, responde: el que se hizo esclavo de Dios. Toda otra libertad es servidumbre.
Pero a veces tenemos varias voluntades al mismo tiempo , me pregunto como reconocer la de Dios.
Es la más dura. Respondío Francisco.

