Cuando le explique a don Juan mis dificultades, me explico que los chamanes veían cualquier actividad con la gente, no importa cuán diminuta o insignificante, como un campo de batalla. En ese campo de batalla, los chamanes hacían su mejor magia, ponían su mejor esfuerzo. Me aseguro que el truco para tener soltura en tales situaciones, algo que nunca había sido mi fuerte, era enfrentarse al adversario abiertamente. Expreso su aborrecimiento por esas almas tímidas que se esconden de la interacción a tal extremo que, cuando interactúan, simplemente infieren o deducen en términos de sus propios estados psicológicos lo que pasa sin verdaderamente percibir lo que en realidad está pasando. Interactúan sin jamás haber sido parte de la interacción.
-Siempre mira al hombre con
quien estas jugando el tira y afloja con la cuerda –continuo.. No tires
simplemente de la cuerda; levanta la vista a sus ojos. Sabras que es un hombre,
igual a ti. No importa lo que diga, no importa lo que haga, se esta sacudiendo
en sus pantalones, tal como tu. Una mirada de esa naturaleza vuelve incapaz a
tu adversario, aunque sea por solo un instante; entonces das el golpe.
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